Bélgica y su deseo sobre Argentina a principios de 1900

En los hogares de Villaguay, provincia de Entre Ríos, el retrato del rey Leopoldo II de Bélgica presidía la mesa familiar. Había llegado con los colonos flamencos en 1882 —cuarenta familias que un hombre llamado Eugenio Schepens había reclutado en Oudenaarde— y quedó ahí, mirando desde la pared cómo esos campesinos aprendían castellano, sembraban trigo y se volvían criollos. En ese mismo momento, a un océano de distancia, su rey empezaba a convertir el Congo en su feudo privado. La misma cara de barba blanca, la misma mirada dura, presidía las dos escenas.

Argentina había sido, para Leopoldo II, la primera fantasía.

Cuando Bélgica nació en 1830, al romper con los Países Bajos, quedó como un país nuevo sin nada en ultramar. El resto de Europa ya se peleaba por el mundo; los belgas llegaban tarde y con las manos vacías. Leopoldo, todavía Duque de Brabante, pasó tres meses en el Archivo de Indias de Sevilla estudiando cómo lo había hecho España. Se iba a coronar, pero antes quería aprender el oficio.

En los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores belga hay carpetas abiertas por pedido suyo con nombres que hoy suenan a delirio de sobremesa: "Argentina-La Plata", "Argentina-Villaguay", "Patagonia", "Texas", "Filipinas", "Madagascar", "Fiji". Un catálogo de fantasías que un rey pequeño de un país pequeño consideraba, sobre el papel, susceptibles de convertirse en colonia. Pidió precio a España por Filipinas —le pareció caro—, intentó comprar Borneo a los holandeses, propuso alquilar Filipinas. Todo eso mientras espiaba a la Argentina.

Lo tentaba lo que había tentado a otros: territorio enorme, población escasa, ríos navegables, salida al Atlántico. Villaguay, en Entre Ríos, con sus tierras fértiles y su cercanía al Paraná, aparecía como cabeza de playa posible. La Patagonia, casi vacía en los mapas europeos —los tehuelches no contaban—, era el sueño clásico del colonialista tardío: la tierra sin dueño.

Nunca pasó del expediente. Y conviene entender por qué, porque la explicación fácil —"los ingleses no lo dejaron"— es solo la mitad del asunto.

La otra mitad es que Argentina no era una tierra virgen. Era un Estado con Constitución, Ejército y memoria fresca. Cualquier ministro europeo que abriera un mapa se topaba con dos fechas incómodas: 1806-1807, cuando dos invasiones inglesas terminaron con los oficiales de Su Majestad rindiéndose en las calles de Buenos Aires; y 1845-1850, cuando la escuadra conjunta de Gran Bretaña y Francia bloqueó el Río de la Plata durante cinco años para forzar la libre navegación de los ríos interiores. La aventura terminó con las dos potencias firmando tratados, devolviendo territorios ocupados y saludando la bandera argentina con veintiún cañonazos. Habían pasado militarmente por Vuelta de Obligado, sí, pero políticamente salieron con la cola entre las patas.

Leopoldo tomó nota. El historiador Éric Toussaint lo dice sin rodeos: el rey belga usó la astucia para no chocar con las grandes potencias donde ya estaban instaladas. Argentina, aunque soberana en el papel, era zona de influencia informal británica. Los ferrocarriles, los frigoríficos, los bancos, las lanas y las carnes salían y entraban por Londres. Un rey chico no se mete en el patio de otro más grande, especialmente si el patio tiene guardia armada y ya humilló a esa guardia dos veces.

El Congo era otra cosa. En la Conferencia de Berlín de 1885, la cuenca del río fue tratada como zona amortiguadora entre imperios, un lugar donde nadie se pisaría el pie. Leopoldo lo entendió antes que nadie. Lo pidió a título personal —no como rey de Bélgica sino como persona física— y se lo dieron. El Estado Libre del Congo fue, literalmente, propiedad privada del monarca hasta 1908. Manos cortadas por cuotas de caucho incumplidas, aldeas quemadas, un genocidio administrado como empresa familiar.

Ahí está la ironía que la historia deja al que sepa mirarla: si los expedientes belgas sobre La Plata y la Patagonia hubieran prosperado, quizás el infierno habría ocurrido en el sur del continente americano en lugar de en África central. Argentina se salvó no por virtud propia sino por geopolítica: los ingleses cobraban peaje sobre las pampas y no toleraban competencia europea. Fue un no de mercado, no un no moral.

Y sin embargo, la colonización belga en Argentina sí ocurrió. Por la puerta chica, sin bandera, sin soberanía, sin decreto real. Schepens presentó su proyecto ante el intendente Retamar, pidió ochenta parcelas de treinta y dos hectáreas cada una en el Ejido de Villaguay, y en 1882 desembarcaron las cuarenta familias flamencas. Se convirtió en la colonia belga más importante y duradera de América del Sur. Siguen ahí. Los apellidos flamencos se mezclan con los criollos; la lengua se perdió hace generaciones.

En esas casas colgaba el retrato del rey. Un rey que, en el mismo momento en que sus paisanos aprendían a domar tierra entrerriana, ordenaba cortar manos a mujeres y niños en aldeas ribereñas del Congo. Los colonos probablemente no lo sabían. La prensa europea tardó décadas en enterarse, y cuando lo hizo, Leopoldo ya estaba muerto y el Estado belga había asumido el negocio.

Su nieto Leopoldo III también miró a Sudamérica, pero de otro modo. Tras abdicar en 1951, se dedicó al turismo antropológico: expediciones al Caribe, un lago descubierto en Venezuela que hoy lleva su nombre, encuentros con exoficiales de las SS refugiados en el continente, una aparición fugaz en la obra de García Márquez. Un romanticismo tardío de europeo desocupado. Argentina, esta vez, quedó fuera del itinerario. Ya no había nada que soñar ahí: ni colonia ni catástrofe. Solo un cuadro descolorido del abuelo, en alguna casa de Entre Ríos, presidiendo una cena de flamencos que ya se habían vuelto criollos.

Fuentes:

Sobre Leopoldo II, el Congo y su proyecto colonial en general:\ Adam Hochschild, El fantasma del rey Leopoldo. Una historia de codicia, terror y heroísmo en el África colonial, Ediciones Península, Barcelona, 2007 (original: King Leopold's Ghost, 1998). Fuente central sobre el saqueo del Congo, el sistema de trabajo forzado y las mutilaciones.\ Éric Toussaint, "Los crímenes de la Bélgica colonial en el Congo", El Salto, 16 de junio de 2020. Aporta específicamente la lectura de Leopoldo II usando la astucia para no chocar con las grandes potencias y la mención al intento previo sobre Argentina.\ "Leopoldo II de Bélgica", Wikipedia en español. Reconocimiento del Estado Libre del Congo como propiedad personal en la Conferencia de Berlín; art. 62 de la Constitución belga de 1885.\ "Genocidio congoleño (1885-1908)", Wikipedia en español. Escala del territorio, régimen dominial, cifras de exportación de caucho.

Sobre el mapa de fantasías coloniales (La Plata, Villaguay, Patagonia, Filipinas, Borneo):\ "Imperio colonial belga", Wikipedia en español. Lista literal de expedientes abiertos en el Ministerio de Relaciones Exteriores belga por pedido de Leopoldo, incluidos "Argentina-La Plata", "Argentina-Villaguay", "Patagonia", "Filipinas", "Texas", "Madagascar", "Fiji", etc.\ Javier Farje, "Las fechorías del rey belga (I)", Palabras Fugaces, octubre 2009. Los tres meses del Duque de Brabante en el Archivo General de Indias de Sevilla estudiando la colonización española.\ Alejandro Duchini, "El genocidio de Leopoldo II en el Congo: ni olvido ni perdón", Tiempo Argentino, 5 de julio de 2020. Mención del plan de colonizar Entre Ríos antes del Congo.

Sobre la colonia belga de Villaguay (Schepens, 1882, Oudenaarde):\ "Inmigración belga en Argentina", Wikipedia en español. Eugenio Schepens, viaje a Sudamérica a principios de 1880, llamamiento y partida con cuarenta familias mayormente de Oudenaarde hacia Villaguay.\ "Historias de Villaguay - La Colonia Belga", Región Litoral, junio 2015. Detalles del proyecto ante la intendencia de Retamar, las ochenta parcelas de treinta y dos hectáreas en el Ejido, la Ley de Inmigración de 1876.\ "138 años de la llegada de inmigrantes belgas a Villaguay", AP Noticias, enero 2020. Cita de Juan E. Carulla en Al filo del medio siglo (1951) sobre "el retrato de Leopoldo que presidía la vida familiar en los hogares de los nuevos colonos".\ Eriberto Walter Devetter y Hugo De Clercq, Huellas flamencas en Villaguay: Colonos belgas 1880-1930, Ediciones Neutrinos, 2016.

Sobre Leopoldo III y Sudamérica:\ "From Balboa to Bolívar: the South American Dreams of King Leopold III", The Low Countries, 2025. Fuente directa del párrafo original sobre expediciones caribeñas, encuentro con exoficiales de las SS (Ernst Schäfer) y mención por García Márquez.\ "Lago Leopoldo / Lago Autana", Wikipedia en español. Fecha de la expedición (1952-1953), organización por José M. Cruxent, hecho curioso de que la expedición del rey nunca llegó al lago.

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